miércoles, 27 de junio de 2007

La guerra por los papeles

Cuando el servicio militar en España dejó de ser obligatorio, la creciente escasez de tropa produjo que las Fuerzas Armadas abrieran sus puertas a los inmigrantes. En un primer momento se puso un cupo total del 2% pero tuvo que ser ampliado hasta el 9%; actualmente son 4300 inmigrantes (mayoría de Colombia y Ecuador), un 5,5 % del total. La promesa de una carrera –y en mayor medida- de papeles, hace que una persona que quiera regularizar su situación y tener un trabajo, luche y defienda a otro país. En el último atentado en el Líbano, 3 soldados españoles de los 6 muertos, eran de nacionalidad colombiana. Hace unos meses, también murió un soldado peruano en una misión en Afganistán. Aunque el cupo del 9% es sobre el total, para las misiones de riesgo este porcentaje sube hasta el 30%, es decir que los que están destinados en conflictos (palabra elegante en sustitución de la verdadera: guerras) o “misiones de paz” es de un extranjero de cada tres.
¿Es justo?; ¿es justo que por la regularización, los inmigrantes sean carne de cañón?, ¿por qué el cupo de extranjeros aumenta ante el mayor riesgo de muerte?; ¿no les parece “algo” discriminatorio?. Reconozco que el ingreso a las Fuerzas Armadas es optativo y nadie obliga a nadie (ni a los españoles ni a los extranjeros), pero también que la necesidad de trabajo, salud, libertad, educación y familia, tienen que ser considerados como derechos de todos y el costo de obtenerlos, lamentablemente, no es igualitario.

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