miércoles, 11 de julio de 2007

Hoy es mi día!

RELATO BREVÍSIMO Y AUTOCOMPLETANTE
¿Cómo puede ser, doctor, que este bulto en mi cuello sea el resultado del strees que tengo?¿Usted me está tomando el pelo?, menuda pregunta me hacía el paciente Ariel Corvalan, no sabiendo que iba a recibir una buena colleja que le iba a pasa el bulto hacia el otro lado del cuello. Podría haberse callado el paciente Ariel Corvalán, pero no. Me increpó y hasta quiso darme una ostia, pero mis reflejos son mejores que los de él. No fumo, no bebo y hago deporte con la Wii. No conforme con mi esquivada y mi creciente agilidad, trata de darme una patada en los testículos, pero directamente me pega en la rodilla. Una rodilla formada como la mía no se queja ni le duele, así que ya que estaba, la utilicé para darle en su otra rodilla (una articulación blandita y fofa) y se la destrocé. Me estaba poniendo un poco adrenalítico y la situación me excitaba cada vez más. El pobre paciente Ariel Corvalán, no entendía que pasaba, ¿por qué el doctor le pegaba? si solo el quería asegurarse que el bulto no era nada mas que algo nervioso, algo de grasa, que se disolvería solo o que con un pequeño corte de bisturí se limpiara. Pero no. Yo lo quería castigar y no me amedrento por ser un profesional. No señor!. Si hoy tengo que castigar a alguien lo hago y listo, sea el chofer del autobús que me miró feo porque le pagué con 5 euros, al idiota del jardinero que me mojó el pantalón justo en la entrepierna o al pobre paciente Ariel Corvalán que dudaba de mi. Faltaba más!, en un día como hoy que voy a suicidarme, no pueda darme el gusto de castigar a los que me tocan los huevos.

Te animás a completarlo?, te podrías poner en la piel del paciente o de (mi) el doctor?, Qué harías vos?. Inténtalo en los comentarios que harás feliz a muchas personas (y a mi más).

G.REY

3 comentarios:

pablo's dijo...

Si soy el médico y me fuera a suicidar no iría a trabajar ese día, pero tampoco está muy equilibrado, asi que bueno, me dedico a darles hostias a todos mis enemigos o gente que me cayera mal

Anónimo dijo...

Ariel Corvalán salió llorando, esquivando a Conchi, mi secretaria, asustado y perplejo: aún no sabía porqué tenía un bulto en su cuello. Si bien en un día como hoy, irrepetible -nadie se suicida 2 veces- no estaba para perder el tiempo con pacientes lloricas, me dió pena, casi casi voy detrás de él para darle la respuesta que necesitaba, casi... digo casi porque un perfume me quitó de un plumazo un paciente para ponerme a otro delante de mí, primero fué su aroma que nubló mi entorno; desaparecieron mágicamente Ariel Corvalán y Conchi y...
Aunque parezca mentira, deprimido como estaba, decidido como estaba, posiblemente en los últimos minutos de mi jodida vida, esbocé una sonrisa. Bueno, en realidad mi cara sonrió -porque yo no era, lo juro- mis manos sudaron y todo mi cuerpo la recibió con lujuria.
No la había visto nunca. Me aparte como si fuera a torearla con un capote inexistente, la dejé pasar y nuevamente me mareó su perfume. No es que hubiera abandonado la idea del suicidio pero ahora debía atenderla, mas allá de mi deseo importergable de quitarme la vida, estaba mi profesión y el juramento de priorizar la vida - la de mis paciente- sobre mis propios egoísmos. A lo lejos sentí el llanto de un niño, recordé sin quererlo a Ariel Corvalán.

BLOGus dijo...

Para anónimo: gracias y genial!