miércoles, 4 de julio de 2007

La mediocridad nuestra de cada día

El otro día, en un post que hablaba sobre la mediocridad de algunos jefes, sin quererlo, floreció un tema aún mas importante: la mediocridad en este mundo en general y la de todos en particular, porque aunque hablaba de una situación particular también quería ampliar el tema hacia nosotros, los empleados, que ante una posible dejadez de los jefes nos dejamos llevar y hacemos lo mismo. Es por eso, que para que evitemos ser arrastrados por la lacra de la mediocridad, a continuación un pequeño glosario escrito por Alfredo G. Fernández que le entrega a sus nuevos empleados para sentar las bases de lo que es su objetivo final: la superación de la persona.

LA MEDIOCRIDAD

Cuando hablamos que un individuo es mediocre no estamos diciendo que es una mala persona, sino que es alguien que pudiendo crecer no lo hace adoptando, conciente o inconscientemente, una o varias de las siguientes acciones:

• Hacer supuestamente hasta el límite de lo que le pagan con una visión por supuesto subjetiva del tema.-
• Cumplir.- Sólo cumplir.-
• Ponerse uno mismo el techo de sus aspiraciones.-
• Traer al lugar de trabajo los problemas propios y personales.-
• Priorizar sólo alguna meta por sobre las demás por incapacidad mental de no creer en uno mismo para hacer todo.-
• Considerar que uno cumplió su ciclo como una profecía autocumplida.-
• Actuar mecánicamente.-
• Esperar que el otro le resuelva todo, aún las cosas que rutinariamente se vienen haciendo desde hace tiempo.-
• No actualizarse permanentemente.-
• No esforzarse demasiado poniendo la comodidad por encima de las metas personales de superación.-
• No pensar creativamente.-

Todos tendrán su opinión y por supuesto los invito a que las expongan. Yo quiero poner énfasis en la, que para mí, posiblemente esté más clara: “No pensar creativamente”, considero que desde esta falta crece y se hace fuerte la mediocridad, desde el momento que la creatividad desaparece o directamente no existe, se difuminan las metas y los objetivos personales; es desde ese momento donde la mediocridad se hace fuerte y engulle a la víctima, y como si fuera poco ser carcomido por la mediocridad, no es lo peor. Lo más grave es que no nos damos cuenta, no sentimos esa falta de horizonte, nos quedamos ciegos pensando que en realidad vemos, nos conformamos con este presente pensando muchas veces que es lo mejor o -peor aún- pensamos que no puede ser mejorado. Arriesguemos!, perdamos o ganemos, la experiencia de este juego nos dará algo mas que ganancias. Seamos un poquito más humanos y crezcamos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,

Yo creo que el post es simplemente un comentario de cara al personal de Recursos Humanos de alguna empresa al estilo "pero yo soy así de guay" (sin menospreciar claro está).

La descripción contraria, por otro lado, tampoco se ajusta necesariamente a una persona mediocre, más bien, se corresponde con el concepto de máquina de trabajar.

saludos desde Barcelona.

Anónimo dijo...

Hola

Parece como si te asustara la palabra mediocre

BLOGus dijo...

Es verdad que me asusta. Y trataré que nunca me acostumbre a ella.

Anónimo dijo...

Gus, me parece bien tu necesidad de ampliar el concepto (casi arquetipo) "mediocridad" y llevarlo hasta una primer definición de PERSONA MEDIOCRE. A partir de esto, me pregunto Qué es ser mediocre?

Definitivamente no está relacionado (aunque sí hay algunas coicidencias) con nuestro comportamiento laboral. Podemos perfectamente "comportarnos" como mediocres, sin serlo. Como una expresión de rebeldía. Podemos ser creativos pero la o las personas que dirigen no merecerse nuestro aporte. Equivocados o no, todos lo hacemos.

Dicho esto y contradicíéndome, pienso que TODOS somos creativos. La diferencia está en lo que creamos (de crear...y por qué nó de creer) unos y otros.

Creatividades positivas y negativas... this is e questions! (mi Ingles es MEDIOCRE)

LZ

Gaby dijo...

El ser mediocre y el ser excelente
El ser mediocre y el ser excelente

El mediocre ama su cama como a sí mismo.
El mediocre nace cansado y vive para descansar.
El mediocre descansa de día para que pueda dormir de noche.
Si el mediocre ve a alguien descansando, de inmediato lo apoya y lo ayuda.
El mediocre sabe que si está en conflicto la fiesta y las copas con el trabajo, está dispuesto a abandonar el trabajo.
Para quien es mediocre el trabajo es sagrado, por eso no lo toca.
El mediocre evade las tareas y siempre está buscando que su labor la realice otro.
El mediocre tiene presente que nadie se muere por descansar.
El mediocre deja siempre para mañana lo que debe hacer hoy.
El mediocre se dice a sí mismo: "Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos".
Cuando el mediocre siente deseos de trabajar se busca un lugar tranquilo y espera pacientemente que esos deseos se le pasen.

En cambio

El ser excelente saluda al nuevo día con mil proyectos por realizar .
El ser excelente sabe que para disfrutar el descanso debe terminar el día sin gota de energía.
El ser excelente disfruta la noche después de un largo día luchando por alcanzar estrellas.
El ser excelente reta a quienes le rodean a luchar.
El ser excelente renuncia a todo aquello que obstaculiza sus sueños.
Para el ser excelente el trabajo significa el medio para alcanzar todo lo que desea.
El ser excelente arrebata tareas y como líder va siempre adelante.
El ser excelente está consciente de que son tiempos de construir y que ya tendrá tiempo en la eternidad para descansar en paz.
Para el ser excelente el día es corto, por todo lo que tiene por realizar.
Para el ser excelente la peor enfermedad es sentirse inútil.
El ser excelente sabe que en sus deseos está la dimensión de sus realizaciones.
El ser excelente hace todo aquello que el mediocre no sería capaz de realizar y está convencido que solamente a través de su entrega incondicional y generosa el mundo puede mejorar, es protagonista del cambio, es el arquitecto social de su tiempo, el ser excelente es por supuesto un triunfador.
Miguel Ángel Cornejo

Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
Valores de Excelencia para Triunfar
Tomo III, pag. 1339