jueves, 19 de julio de 2007

Sérpico

Sérpico se levantaba todas las mañanas y se dirigía a la cocina donde desayunaba su habitual café con leche y sus tostadas con mermelada, comía y bebía mientras se enteraba de las cosas leyendo el diario que puntualmente llegaba a su puerta. Temprano, Sérpico se dirigía a su trabajo, en el barrio de Belgrano, en una escuela militar. Sérpico era un marino que siempre se sintió importante aunque su puesto era relativamente bajo, pero él se imaginaba en lo más alto e iba a luchar para conseguirlo de cualquier manera. Hacía bien su trabajo y pronto logró ser alguien importante. Trabajaba con sus manos, con sus manos manchadas. Sérpico era católico y pecador, claro que su iglesia también era pecadora. Trabajaba por la mañana, iba a su casa a almorzar y volvía por la tarde aún con mas fuerzas. Quienes lo conocieron, no pueden olvidarlo. Nadie tendría que olvidarlo. Pero su vida, tal como era, se acababa y la justicia comenzaba (lentamente) a llegar al país. El marino, cobarde, se fugó a México y comenzó una carrera como empresario. Pero, había gente que tiene memoria, que había caído en sus manos en la escuela y que reconocía a ese empresario como el hijo de puta que los había torturado, el hijo de puta que asesinaba a las madres para robarles sus hijos, el hijo de puta que día tras día trabajaba sobre ellos. Ricardo Miguel Cavallo, ante las pruebas de sus acusaciones, y la investigación que emprendió el juez Baltasar Garzón, quiso escapar (o volver) a la impunidad de Argentina, pero fue detenido en una escala en Cancún y enviado a España para ser juzgado. La audiencia nacional determinó que no podía ser juzgado en España porque la prioridad la tenía la justicia argentina, su condena podría alcanzar los 17,000 años de prisión. La Fiscalía recurrió porque en Argentina no se lo estaba investigando por las mismas causas y el proceso abierto está aún muy atrasado. Hace un par de días, la recusación fue aceptada; Sérpico será primero juzgado en España, cumplirá su condena, y si sobrevive, luego podrá ser extraditado a la Argentina para ser juzgado de nuevo. Espero, esperamos, que nunca salga de la cárcel, sea en el país que sea. Ojala muera en prisión cumpliendo su condena, en una celda que seguramente no sea nada en comparación al sufrimiento y a las torturas que les infligió a sus víctimas de la E.S.M.A.. La memoria nunca morirá y la esperanza por la justicia, tampoco. Cárcel y castigo para todos los genocidas.

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