miércoles, 12 de septiembre de 2007

Un poquito para no perder las buenas costumbres

Hola amigos, después de un silencio de más de una semana y de que me atacara el síndrome de abstención bloggeano (no confundir con borgiano) me detengo un ratito frente a la computadora para expresar mi alegría de estar nuevamente en mi país. No soy de escribir de cosas personales sino más bien de hechos y opiniones que me mueven algo en el interior y casi me obligan a postear. Pero mi venida a la Argentina después de 2 años, trae una carga de nostalgia y cariño que es muy difícil no expresarlo. Ver a la familia, a los amigos y hasta el frente grafiteado de mi antiguo colegio, me llenan de alegría y felicidad.
Y quería hablar, un poco de lo contrario, no del hecho consumado de volver a mi tierra, sino de la nostalgia. Ese sentimiento extraño, mitad triste, mitad alegre, que desaparece cuando se llega. Una carga de recuerdos y sensaciones que cuanto más tiempo pasa, más grande y difuso se hace. Pero termina cuando estoy acá. Sin nostalgia, los recuerdos no tienen tanta fuerza. Y lo más asombroso es que cuando más grande, fuerte y lejana es, cuando vuelvo a mi país se transforma en nada, es como si desapareciera vencida por la realidad, por estos momentos reales de alegría. Es como si desde el primer paso que doy acá, comenzara a contar de nuevo, como si tomara fuerza y aumentara, esperando agazapada y conspirando, a que me vuelva a Europa, para aparecer nuevamente desde el primer día, en Madrid, en forma de una pequeña y única lagrimita que me recuerda que desde ese preciso momento la nostalgia se renueva y comienza a formarse nuevamente. Por suerte se soluciona volviendo, y yo siempre quiero volver.