lunes, 14 de abril de 2008

RELATO: Al final me cierra el banco

Ya bastante acostumbrado a la soledad, me preparo la comida de siempre; huevos fritos con patatas y panceta, como siempre, lo mismo.
Hace algunos años cuando tenía gato y le servía su pienso, pensaba que seguro que si pudiera elegir, mi gato cambiaría de menú. Pero comprobé que él y yo somos animales de costumbre, a él no le gustó cambiar y a mí tampoco ¿Para qué? si así estamos bien.
Desde que me quedé solo cuando mi mujer murió, ya no tengo vida y solo espero a que me llegue la muerte. Ya a mis 75 años, ¿qué más me queda?, vivo como si me hubiera quedado encerrado en un cine continuado y día tras día me despertara y viera la misma película.
Solo tengo un día especial por mes, y no digo especial como algo bueno sino como algo extraordinario, y digo extraordinario en el sentido contrario a cotidiano y ordinario. Ese día especial es cuando voy al banco a cobrar mi pensión y a gastarme algunas pesetas en patatas, huevos, panceta y vino, también quizá compre algunas cosas de aseo. Y hoy es ese día. Ya ven que mas que especial es solo distinto.
Me va a tocar caminar bajo la lluvia, hoy hace un día horrible, gris y húmedo, ya es mala suerte que el único día al mes que salgo a la calle, llueva.
Termino la comida, dejo los platos para después, cojo el paraguas, me pongo el pañuelo de viejo y la chaqueta verde oliva. Vivo en la cuarta y última planta.
Salgo de mi casa sin hacer casi ruido –no quiero que mi vecina del tercero me escuche- no es que me caiga muy mal sino simplemente que ya no soporto a nadie, creo que ella trata de ser amable conmigo y me regala, cuando me ve, los sobrantes de su comida, quizá sea con buena intención o quizá piense que soy medio inválido y que no puedo ni cocinarme unos malditos huevos.
Cierro la puerta tan suavemente que suena casi como un suspiro, voy bajando despacito por la escalera –más por mis años que por el tema de los ruidos- y cuando paso por la puerta de mi vecina –estoy seguro que está mirando por la mirilla- escucho que esta se abre. A parte de un aroma a colonia de flores asoma su cabeza ocultando la parte izquierda de su cuerpo –puedo darme cuanta que lleva el mismo pijama de patitos de siempre-.
- Hola Jaime –me saluda- ¿Qué tal lleva esos años?- ¿Qué pregunta es esa? De ella no se puede decir que es joven y guapa, claro que al lado mío sí, por lo menos lo de más joven, pero es bastante gorda.
- Hola Señora, ¿qué tal están sus várices?. Esto le hubiera querido decir si mi pensamiento no fuera tan cobarde e hipócrita. Solo me limité a saludarla y realizar una mueca más parecido a un rictus que a una sonrisa.
- Se lo ve mejor, más fuerte - me dice.
Ya no sé que decirle, hoy está hablando medio raro, diferente, solo espero que me deje de una vez marchar y que no me dé nada de comida.
- ¿Quiere un poco de tortilla?- me pregunta quizá leyendo mi mente.
- No gracias, ya he comido.
- Venga hombre -me insiste- verá que está riquísima.
Antes de terminar su última palabra, mis pensamientos mezclados con su perfume, analizaban si ya no era mejor ir al banco otro día, ya menos apurado. Me doy cuenta que es peor, que si voy mañana seguro que tengo que aguantarla de nuevo.
- Bueno Marisa, gracias, solo déme un poquito que tengo que irme rápido al banco que me van a cerrar.
- Ahora se la envuelvo, pero quería preguntarle algo…
- Bueno ya que estamos, pregunte. Le digo ya un poco fastidiado.
- Estaba pensando, no se como decírselo, si usted, a ver, ¿tendría ganas, alguna vez de ir a ver una película al cine?.
Su perfume entra por mi boca hasta mi garganta, puedo casi saborearlo, mis manos comienzan a sudar y trato de secármelas disimuladamente en el pantalón. ¿Habré entendido bien?. Hace ya 10 años que estoy solo y nunca desde la muerte de mi esposa, me había propuesto salir con una mujer y menos que la que me invitara fuese ella. Cincuenta años de casados es mucho y uno va perdiendo su propio ser y lo poco que le queda se va mezclando con el de su pareja.
- No sé si le gusta el cine, pero como tiene tanto tiempo libre.
No sé porqué, pero volvían a mí mis recuerdos de adolescencia y lo primero que se me cruza por la cabeza –¿tendré ya la cabeza mal?- es qué ropa interior llevo puesta en este momento, si es de la nueva o de la de siempre. Mi mente pasa –de una forma increíblemente lúcida- por el recuerdo antiquísimo del primer e indeciso beso que le di a la que era mi novia y después mi mujer, pasa por la imagen de la primera caricia exploratoria que le hice por debajo de la blusa; mi mente saltaba –o corría- hasta un posible encuentro íntimo con la gordita del tercero, un fin que no me imaginaba desde hace mucho, un fin deseado que se acompañaba solo con pantallazos de los medios que podía emplear para lograr el objetivo: la primera salida, la cena de después del cine, el café y la copa para ponernos tontorrones, y vuelta al pensamiento sucio, húmedo y casi olvidado del sexo.
Joder, esta es mi oportunidad, me lo está poniendo en bandeja (no está tan mal la gordita), ya estoy muy viejo pero todavía creo que puedo hacer un buen papel, experiencia no me falta. Si hasta ni siquiera tenemos que preocuparnos en donde nos vamos a acostar, ¿en su casa o en la mía? o mejor; ¿en el tercero o en el cuarto?. Es increíble lo rápido que va mi mente ahora. No pude evitar sonreír con orgulloso de mí y de mi virilidad nuevamente encontrada.
- ¿Me está escuchando, Jaime? – me pregunta interrumpiendo mis pensamientos y mi mirada hacia sus pechos.
- ¿Cómo?, me sobresalté algo avergonzado, - Sí, sí, la escuché Marisa, ¿usted quiere que la lleve al cine?. Le digo ya más seguro de mi mismo, sintiéndome otra vez hombre, o mejor dicho, macho, ya no pienso como un viejo decrépito - ¿Cuándo quiere ir?. La apuro.
Se le abrieron los ojos de una forma imposible y agarrándose la solapa del pijama con decoro, me dice:
-No hombre, yo no –y la veo que no puede evitar una sonrisita socarrona- estaba pensando en mi madre, que está muy sola y se me había ocurrido que quizá con usted, que también está solo…

Ni siquiera espero la tortilla, dejo de oler su ridículo perfume y sin nada más que decir, me voy al banco que seguro que ya me cerró.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado ^^

Podrías subir algunos de tus escritos a www.topfanfics.com a ver que te dicen.

Gata Negra dijo...

No se si reirme o shorarrrrr!!! ¡Pobre hombre!!! :P

:)

BLOGus dijo...

Gracias por el dato!
Gata, sé libre para hacer lo que quieras!

Anónimo dijo...

me encantó, me encantó, me encantó.
No puedo dejar de sonreir...

Bueno, pensando en Jaime quiero ver el lado positivo: al pensar (sentir) algo distinto, experimentó nuevamente "el calor de la vida"; con sólo eso, su vida de todos los días será diferente.
LZ

Escriba perezoso. dijo...

Grande Gus.

Está genial desde el inicio, brillante comparando el menu del gato al del hombre, hasta el giro final que cierra el relato dejandonos a todos con un palmo de narices igual que al pobre hombre cuando le dice que hablaba de su madre.

Esto habria sido ganador en los Golden seguro.Me ha encantado.Es de estos escritos que sacan una de esas sonrrisas amargas que tanto cuestan conseguir y que son fruto de la lucha de sentimientos que habilmente provocas en el lector.

Si quieres un pero..acortaría los dialogos.Pero quizas sean manías mias.Lo dicho..Bravo mi Gus.

Deberias prodigarte más en este tipo de entradas.