viernes, 3 de julio de 2009

Los delincuentes no están en las calles, están en el poder.

Quien alquile una casa a un inmigrante irregular puede ser condenado a 3 años de cárcel.
Quien sea arrestado y sea inmigrante ilegal, será inmediatamente deportado y tendrá que pagar una multa de unos 10,000 euros.
Los empleados públicos tendrán la obligación de denunciar cuando alguna persona que tramite alguna documentación sea sospechosa de ser indocumentado.
Para anotar a un niño en la escuela será necesario la presentación de las tarjetas de residencia de sus padres. Para registrar un nacimiento, también. Sino es así no podrán ni escolarizarse ni registrarse.
Se crearán patrullas ciudadanas que controlarán el orden y denunciarán a los indocumentados a la policía.

No llevarán uniforme ni armas, como pedía el gobierno.
Los inmigrantes no irán a la cárcel, como pedía el gobierno.

Estas terribles pautas racistas, xenófobas y fascistas, fueron aprobadas ayer en Italia.
En muchos casos las leyes son frías y no vemos el alcance real que tienen, su contenido de desgracia y sufrimiento humano quizá, muchas veces, se pierdan entre estadísticas y números. Otras veces pensamos que no es para nosotros, que no nos influye en nada y solo lo leemos en el periódico con una mueca de rabia que se pierde inmediatamente cuando encontramos los estrenos de cine.
Pero pensemos que si una persona indocumentada no puede atenderse en el médico –aunque sea por una razón humanitaria- morirá en su casa. ¿Y un niño enfermo?, ¿también lo dejarán morir?. ¿Dónde parirán las irregulares?, ¿en la calle? Ya que no podrán vivir en ningún lado. Y si no se podrá anotar a los nacidos de padres irregulares, ¿serán niños fantasmas que seguirán siendo invisibles por el resto de sus vidas?.
Es realmente terrible esta ley, afectará a miles de personas que se transforman en delincuentes solo por buscar en su momento vivir más dignamente que en sus países.
¿Y saben que es lo más grave? –Si puede haber algo peor en este catálogo de mierdas y atropellos. Lo más grave es que quizá la ley –posiblemente- se ablande, no por el sufrimiento que acarrea a los indocumentados, no, seguramente se corrija cuando cientos de ancianos italianos se queden sin sus cuidados por parte de los inmigrantes. De esos cuidados a los viejos que la sociedad italiana ni siquiera se preocupa.